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#7 Violeta

Estoy enloqueciendo de nuevo, ya no puedo retroceder a esos tiempos en los que la falsa felicidad me llenaba, esos tiempos en los que no importaba nada, todo lo tenía, el amor y la cordura me rodeaban, era pequeña y mi mundo era la fantasía, nada más. Quiero recuperar ese tiempo pero no puedo, no sé cómo. Empiezo escuchar voces y no puedo concentrarme en vivir, no puedo. Creo que esto es lo mejor para todos, nadie lo notara, nadie me notara.

Tal vez si me hubiera quedado encerrada todo estaría mejor, hubiera muerto de hambre no de soledad y tristeza. Ya no puedo luchar más, ya no quiero, no puedo vivir así, ya no puedo escribir bien, no puedo leer, no puedo comer, a duras penas se lo que sucede mi alrededor, estoy muy mal, los doctores dicen que la medicina terminara dañando mi cerebro, ahora está muy estropeado, no quiero terminar peor, no aguantaría, sería un vegetal, un estorbo en el mundo, no quiero.

Las voces me dicen que haga daño, aunque sé que está mal les hago caso, no puedo ir en contra de ellas, quiero hacerlo pero no puedo. He arañado a las enfermeras, tal vez tengo complejo de gato, pero no, lo hago porque las voces me dicen que lo haga, si no encuentro a quien hacerle daño, me lastimo a mí misma. Las enfermeras en una ocasión me colocaron una camisa de fuerza, en realidad no recuerdo muy bien que hice para llegar a esos extremos pero debió ser grave. No quiero estar encerrada, no quiero hacer daño, no.

No soy normal, mi vida no es normal, mi cabello de zanahoria no es normal, mis ojos no son normales, mi enfermedad no es normal, no soy normal, nunca lo seré, nunca seré Olivia, nunca seré yo, no sé quién soy yo, todo es tan confuso, la vira era fácil, ahora es una inmundicia.

Quiero una vida normal, quiero saber qué es ser normal, quiero ser Olivia, quiero ser yo, quiero tener un taller de pintura en la ciudad de colores, quiero estar con mi gato, quiero que alguien se preocupe por mí, quiero no tener esquizofrenia, quiero ser normal.

 N O R M A L, las palabras son mas lindas en mayúscula, siendo diferentes, así como yo, rara, enferma, anormal, A N O R M A L.  

Verde es el prado en donde estoy sentada, azules eran los ojos de Olivia, amarillo es el girasol que me regalo mi hermano, naranja es la ardilla que acabó de partir, roja es mi sangre, sangre que caerá luego.  

Odio mi vida, odio mi mente, odio las voces, odio el colegio, odio los colores, odio los edificios, odio el dinero, odio las rosas Ingrid Bergman, odio la roca con la que lo golpeé, odio las partituras, odio los libros, odio los cerillos, odio el fuego, odio el psicólogo, odio el psiquiatra, odio las pastillas, odio el manicomio, odio a la gente, odio a los locos, odio a Di Benedetto, odio a Olivia, odio la ciudad de colores, odio a mi madre, odio el odio que siento por todo. No odio a Charlie, amo a mi gato. Creo que esta carta va para ellos dos.

Queridos Charlie y gato…

Una carta no se empieza en la mitad, pero ya lo hice, ahora ustedes saben lo que siento, saben mi dolor, saben mis miedos, mis deseos. Gracias por apoyarme, creo que si quisiera hallar mi verdadera felicidad, empezaría buscando en ustedes dos, ya es muy tarde para empezar, lo siento, estoy mal.

Gato, mi querido gato, quiero primero disculparme por no ponerte un nombre, pero igual eres mi gato, elegante, altivo, hermoso felino. Perdón por no estar contigo, las voces te odian, por eso no me dejan estar cuerda para apapacharte y darte el amor que te mereces magnífico gato, Charlie debe estar cuidándote, el se preocupara por ti cuando yo no este, yo lo sé.

Charlie Di Benedetto, perdón por golpearte con la roca, las voces me obligaron, gracias por ayudarme, tal vez tu si estarás triste cuando me vaya, no lo sé, ya no sé nada. Has sido totalmente paciente conmigo, con mi enfermedad, gracias por los colores, gracias por todo.

Sé que esta no es la decisión más inteligente, pero nadie con voces en la cabeza toma buenas decisiones. Hoy decido morir, lo siento pero es la mejor solución, espero que esta vez sí funcione, así acabare por in con las voces.  No quiero morir drogada, no quiero morir con las venas cortadas, tampoco me quiero lanzar desde un edificio, ni quiero morir colgada, creo que no intentare morir en un incendio, sé que eso no dará resultado, la mejor manera de acabar con todo es al estilo poético de Virginia Woolf, se puso su abrigo, lleno sus bolsillos con piedras y se lanzo a un rio. Aquí no hay ríos, pero si hay un lago, esto les sirve de lección para no colocar lagos cerca de un manicomio. Robe una bata de enfermera con bolsillos, lo llene de piedras, ahora escribo esta carta para que ustedes dos sepan por qué lo hice, dejo junto con esta hoja mis marcadores y los 243 dibujos que logre hacer estando encerrada, quiero que hagan un taller de pintura en algún lugar y que lo llamen ‘Antonia de Colores’ porque así me llamo, así se llama la esquizofrénica ignorada y cobarde que murió por culpa de las voces.

Con tristeza y frustración,

Antonia de colores.

Prólogo del artista

La mejor sensación del mundo es la que se siente al estar en la tras escena, justo al lado del escenario, ese lugar entre telas negras en donde uno ve a todos pero nadie lo ve a uno. Escondido en el calor que emite el camerino esperando a que el que esté actuando, bailando o haciendo lo que le dijeron que hiciera, de el pie para que salga del medio de las telas a presentar el glorioso o ridículo papel que tocó. Los nervios carcomen al artista que ha ensayado muchos días solo para estar allí unos minutos o tal vez segundos, siendo juzgado por una multitud de gente ignorante que solo está ahí para entretenerse y punto. El idiota con sueños de ser el mejor sale e inmediatamente es cegado por las luces y lo recibe un frío espectral que proviene del publico, a pesar de ser atacado con miradas y susurros todo siempre le sale bien, porque hace lo que quiere y esa sensación siempre será la mejor para el.

#6 Azul

Azules son los ojos de Olivia, Olivia es la mentira más grande de mi vida. Azul es un color lleno de nostalgia, el mar es azul, el mar no es azul, ya no sé nada, no sé si lo que me rodea es cierto, no sé si existe, todo es un engaño, no sé si yo misma existo, ya nada tiene sentido, todo es una farsa.

¿Qué se sentirá ser feliz? Siempre me pregunto lo mismo, tal vez nunca lo logre saber, tal vez la felicidad no existe o tal vez no sea para mí. Los colores, amo los colores, ahora son lo único que me llenan, son lo único que me causan una idea de felicidad. Creo que mi verdadera felicidad se desmoronó cuando O…Oli…bueno, la mujer de los ojos azules murió. Ella era lo único que me podía hacer sentir bien, ahora solo me quedan mis 5 marcadores, mi madre me los regaló para que me sintiera mejor, aunque, en este lugar nadie se puede sentir bien.

Cuando Charlie me dijo la verdad sentí un espantoso frio en mi espalda, ese que entra y retumba en el pecho, se adentra en el corazón y lo vuelve helado como los lagos en invierno.  Entré en un tipo de transe, fue horrible, no recuerdo mucho de lo que pasó o de lo que hice luego, el punto es que desperté en este lugar de paredes blancas y piso frio.

No me atrevo a decir en donde estoy, esa palabra me produce terror, aquí la gente es diferente, es encerrada porque ya su mente no pertenece a los pensamientos “lógicos” de la sociedad, sí, estoy en un manicomio, MANICOMIO, casa de locos, hospital psiquiátrico, como lo quieran llamar siempre será lo mismo. Lo odio pero este lugar es más tranquilo que mi propia casa. Solo recuerdo mi segunda charla con el psiquiatra, en otra ocasión ya le había contado todo lo de la de los ojos azules y me llenó de pastillas, al parecer las pastillas dejaron de funcionar y por eso me internaron aquí.  En realidad sabia que esto iba a suceder en algún momento, mi madre estaría más tranquila teniéndome aquí enclaustrada, en vez de en la casa incendiando cosas. El psiquiatra dijo que los esquizofrénicos tenían un sentimiento de misión especial en la vida, en realidad yo no lo sentía así, tal vez mi misión era quemar papeles y golpear a la gente en la cara con rocas, pero el insistía en descubrir y descifrar mi confundida mente.

Después de una semana de charlas inútiles para mi, el llegó a la conclusión de que Olivia era un invento de mi cabeza, la creación por parte de las molestas voces para hacerme sentir bien, Olivia era alguien que yo quería ser, y realmente yo lo sentía así, siempre quise ser una Olivia rebelde y bohemia, quería librarme de todo, de la presión de mi madre, de la manera en la que mi padre me ignoraba, de mi enfermedad, de las voces, quería recorrer el mundo sola, siendo libre de mi complicada vida.

No lo he podido aceptar, Olivia ojos azules se veía muy real, las voces me engañaron por completo, detesto a las voces.

El manicomio es horrible pero a la vez es divertido, por las mañanas desayuno a pesar de que últimamente no tenga apetito, tomo mis asquerosas pastas que apaciguan las voces y me pongo a caminar por los pasillos y los jardines de este lugar. Todos tienen una historia por contar, todos viven una aventura, todos tienen sueños que alcanzan en su mundo, yo solo me siento a observar y a tomar fotos, alguien persuadió al psiquiatra para que me dejaran tomar fotos, es lindo tomarle fotos a la gente, pues saco imágenes de su vida, de su mente.

Charlie me envía fotos también, no entiendo todavía por que se preocupa por mí, yo le lancé una piedra en la cabeza, debería odiarme, como sea, cada semana recibo fotos de mi gato, hermoso gato, es el único que me importa ahora, es el único del cual estoy segura de que existe y si no, igual siempre lo amaré.

Todos los días dibujo algo nuevo con los marcadores, ellos me entretienen, tal vez termine como Vincent Van Gogh, teniendo un taller dentro del manicomio en el cual pueda dibujar, tal vez. Vivir en el manicomio no es tan difícil como se ve, cada persona está metida en su historia por lo cual nadie me molesta. Los días son fáciles, las noches son espantosas, algunas personas gritan despavoridas, otras son encerradas, pero lo peor es acostarse en la cama reflexionando acerca de cómo sería tener una vida normal, eso me pasa a mí, incluso llego a pensar como seria mi vida siendo Olivia.

Las visitas son cada fin de semana, mis padres me visitan en ese tiempo, aunque en realidad no me alegra mucho el hecho de verlos. Charlie también me visita y me trae fotos, esa es una sensación muy agradable, ver fotos del exterior, saber que aun así estés encerrada puedes ver como es la vida afuera mediante un pedazo de papel. En una ocasión Charlie junto con las fotos, me trajo un marcador, era de color violeta, violeta como el árbol de Jacaranda. También trajo otra verdad impactante, fue impresionante cómo lo olvide, como olvide el hecho de que Charlie era mi hermano mayor, por eso siempre me protegía, por eso me ayudaba. Las voces me hicieron olvidar a mi propia familia, no las aguanto más, tampoco aguanto los medicamentos, me están tornando peor, vomito todo lo que como, estoy débil, mi cabello naranja hora es café enfermizo, mis ojos ahora son tristes y tengo ojeras, horribles ojeras, ya solo abro la boca para decir incoherencias, mi vida se está acabando, no quiero que las pastas me maten, si muero, quiero que sea diferente, no drogada, si muero…

#5 Verde

Todos los días viene ese sujeto que toca la puerta y grita mi nombre. Por más que quiero, no puedo reconocer esa voz tan cercana. Finjo no estar, así todo es más fácil, aunque sigo con la incertidumbre que recorre mi cabeza, que se mezcla con las voces, ese malestar que no para de latir. Me llevé el medicamento que me dio el doctor, esa es la única cosa que me llena en este momento, es la única cosa que aleja esas fastidiosas voces.

Olivia no ha regresado, siento que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que la  vi, en realidad en esta oscuridad no puedo distinguir nada. Las voces me gritan cosas horribles, dicen que Olivia está muerta, dicen que el mundo se la tragó viva. La extraño, no me acostumbro a no verla. Últimamente las voces me dicen que ella ya se olvidó de mí, como todos los demás. Tal vez me abandonó, tal vez encontró su anhelada ciudad de colores. Ya no importo, voy a reconsiderar la opción de morir, igual ya no hay comida y ya nada me ata a la vida.   

Está decidido, le abriré al sujeto desconocido la próxima vez que venga a llamarme, tal vez es algún policía notificándome la muerte de Olivia, o la misma Olivia con la voz ronca y sin llaves. Como sea, si llego a morir a nadie le importará.

Empezó a tocar la puerta, no quiero abrir, pero tengo que hacerlo, no tengo más opción, no quiero morir de hambre, esa no es una linda manera de morir. Me sorprende la perseverancia de este sujeto, ya van muchas ocasiones en las que viene, tal vez tiene algo importante para decirme, nunca lo sabré si no le abro.

Al abrir la puerta, fue tanta la sorpresa que se me fueron las luces, debió haber sido por no haber recibido la luz del sol por mucho tiempo o tal vez por el hecho de ver a la persona que estaba al otro lado de la puerta, era Charlie, el sujeto que, según las voces, me quería disecar.

Intente volver a encerrarme en el cobertizo, pero él lo impidió, yo no quería ser asesinada por él, debí haberlo golpeado mas fuerte con la roca, bueno, eso es lo que las voces me decían en ese momento, aunque en realidad yo tampoco quería hacer más daño, es decir, si no quiero ser herida por el mundo, yo tampoco debo herir, es más, esa fue otra razón para encerrarme, Charlie solo quería hablar.

Él hablaba, todo lo que decía me parecía absurdo. Decía que siempre había estado preocupado por mi salud mental, por algún motivo sabía que yo era esquizofrénica. Decía que todavía no podía comprender por qué me torné rara, por qué me alejé de él, dijo que el día que yo estaba en aquel columpio, el iba a intentar hablar pacíficamente conmigo, pero yo lo ataque. Las voces me decían que todo eso era ridículo, pero algo en mi interior luchaba contra ellas, terminé por creerle, incluso me convenció de salir del cobertizo. Le pedí ayuda para buscar a Olivia, yo necesitaba saber que ella estaba bien.

Él nunca había visto a Olivia antes, le hablé sobre ella por un largo tiempo, le compartí todo lo que yo sabía de ella, de pronto con esa información sería más fácil encontrarla.  Decidió preguntarle a mis padres si la habían visto, hace mucho tiempo yo no veía a mis padres, mi madre me abrazó, yo decidí no devolverle el abrazo, ella había ignorado mis problemas todo este tiempo, me había criticado, nunca me ayudó. Ellos tampoco habían visto a Olivia jamás lo cual era extraño pues la mayoría del tiempo que estaba con ella, estábamos en la casa. Aunque si me ignoraban, también podían ignorar a mi mejor amiga.

Preguntamos en todas partes, nadie nunca había visto a Olivia, me empecé a preocupar, ya no quería seguir buscando, salí corriendo y llorando a mi casa, me metí en mi habitación, deje a Charlie solo, las voces gritaban cada vez más fuerte, las pastillas no servían para nada. Después de un largo tiempo Charlie regresó con una noticia que destruiría todas mis esperanzas de vida.

Charlie no se rindió, decidió seguir buscando y con la información que le di pudo descifrar que Olivia no existía, nunca existió. 

#4 Amarillo

Me sorprende y me espanta el hecho de que en esta semana nadie haya venido a visitarme, ni siquiera Olivia, ella suele traerme comida de afuera, tal vez a ella si le importo y no quiere verme morir de hambre. Pero ella no ha vuelto, tal vez ya se olvidó de mi, probablemente todos ya se olvidaron de mí. Es extraño, tan solo llevo como dos semanas apartada del mundo, quizá hayan sido más, no lo sé, ya no se que día es hoy o que mes, ya no le pongo atención al tiempo.

Me fui al pequeño cobertizo que está en el jardín de la casa, es ridículo como a pesar de que ellos saben dónde estoy, no han venido a visitarme. Cubrí todas las ventanas, cubrí cada lugar en el que pudiera entrar algún tipo de luz que me indicara como transcurría el tiempo, funciono mi plan, pues ahora no sé nada y la única luz que hay en esta pequeña casa es la de las velas y lámparas que logré tomar antes de encerrarme.

Cerré todo medio por el cual alguien pudiera contactarme. No quería que nadie me hablara, pues si lo hacían, tratarían de persuadirme para salir de este pequeño lugar. Yo no quiero salir, afuera todo me puede hacer daño, la violencia, los desacuerdos, peleas, dramas, drogas, alcohol, cosas malas que me hieren, aquí no podrán tocarme, no podrán hacerme daño, no me podrán disecar, aquí estoy segura.

Olivia, por otro lado, nunca me haría daño, es más, ella quiere el bien para mí. Ella se preocupa más por mí que mis padres, por eso se que volverá. Tarde o temprano volverá, tal vez mas tarde que temprano, como sea ya no veo el tiempo correr.

La comida se está acabando, tal vez muera de hambre, ahora que lo pienso sería una buena solución, morir de hambre, o bueno, más bien morir, para que las voces también mueran y todas mis preocupaciones se vayan. En realidad no quiero volver a intentar morir, suena raro como cambio de opinión tan rápido pero ahora que lo pienso  esa no es la solución más tangible. Me preocupa la comida, es decir, tengo dinero para salir y comprar, también puedo ir a mi casa y sacar comida del refrigerador pero salir sería algo torpe, cualquier cosa puede hacerme daño, tengo miedo, además no quiero depender de lo que me dan mis padres, definitivamente no tomaré comida de esa nevera jamás.

Ayer vino un hombre a tocar la puerta, decía mi nombre al mismo tiempo que tocaba, sonaba preocupado, algo desesperado, su voz me parecía familiar pero las voces no me dejaban distinguir quién era. No podía mirar por la ventana, ya no había ventana, la cubrí, no podía ser Olivia ella tiene las llaves del cobertizo además, ella no tiene voz de hombre, su voz es dulce. Yo solo fingí no estar ahí, me quedé quieta, traté de respirar suave y logré que no se escuchara nada. No tenía planes de abrirle, tal vez era un violador o alguien que me quería matar, como sea, no me iba a arriesgar.

Después de aproximadamente media hora decidió irse.

Olivia no ha vuelto, tal vez le pasó algo grave, pero si algo le pasa es culpa suya por estar enfrentando los peligros de afuera. Las voces me están destruyendo la cabeza, no paran de gritar como locas, siento que voy a explotar. Me estoy preocupando por Olivia, tal vez el sujeto que vino la mató, no puedo para de pensar negativamente, no quiero que muera, tal vez la disecaron, no aguanto la presión, creo que cometeré una locura. 

#3 Naranja

Olivia era una rebelde bohemia. Un día simplemente quiso salir y liberarse de todo, tomó su mochila y salió de su casa, no tenía mucho dinero pero consiguió recorrer casi todo el mundo. Su niñez no fue muy fácil, vivía en medio de discusiones, sus padres al final se separaron, no solo se separaron el uno del otro, también se separaron de Olivia, ella terminó viviendo con su madre aunque siempre sintió vivir sola.

¿Cómo conocí a Olivia? Esa es la cuestión. Aquella tarde ella tenía en su cabeza ir a la ciudad de colores, no sabía muy bien qué significaba eso pero simplemente lo tenía en su cabeza. Llegó a aquella calle de casas modernas que tienen piso de madera, paredes blancas y plantas que combinan con el estilo fresco. En vez de encontrar su ciudad de colores, encontró fuego.

Las llamas no me tocaron, al contrario se apagaron. Un intento fallido de suicidio, eso fue frustrante y ridículo. Lo único que pasó fue que me desmayé. Pero el incendio tuvo algo positivo, cuando desperté vi la silueta de aquella que apago el pequeño incendio con un balde con agua que encontró en el patio del vecino, era Olivia ojos azules. 

Ese fue el inicio de nuestra amistad. Pasábamos días enteros escuchando música y hablando de todas sus aventuras recorriendo cada lugar del mundo. Todo era perfecto, incluso las voces me dejaron de perseguir.

Mi encuentro con Olivia no evitó que mi madre se enterara del incendio. Se convirtió en alguien diferente, vivía enojada todo el tiempo, era insoportable, me molestaba eso, no me dejaba en paz. Ya no había voces, ahora había una madre estresante. Un día decidió llevarme a donde un psicólogo, en realidad no me importaba mucho el hecho de  contarle todo a un desconocido, tal vez me ayudaría con mis locuras, como decía mi madre.

Le conté todo, le hable sobre las voces, sobre lo que había ocurrido con Charlie, sobre mi nueva amiga Olivia. Nadie conocía a Olivia, mi madre no la conocía, menos mi padre. El psicólogo decidió enviarme donde un señor de bata blanca, era un psiquiatra, el descubrió mi molesta y compleja enfermedad, mi esquizofrenia. Es increíble cómo me apropio de ella, sí, yo sufro de esquizofrenia paranoica.

El psiquiatra me mando un sinfín de pastillas y cosas que supuestamente me harían sentir mejor, en realidad lo único que me hacía sentir mejor era Olivia y la música, nada más.

Olivia tenía miedo de que las personas me hirieran, las voces lo habían hecho y ella no permitiría que eso volviera a ocurrir, es decir, yo era su única amiga, ella no tenía a nadie más, sus padres ya no estaban cerca, ya no había nadie, solo yo. Olivia un día dijo una frase que siempre recodaré, “El mundo siempre te tratará de derribar, tú debes ser fuerte y enfrentarlo o esconderte como alguien cobarde”. En realidad ahora que lo pienso tal vez malinterprete la frase, ella trataba de decirme que fuera fuerte, que ella siempre estaría ahí para apoyarme, yo en cambio resalte la otra parte, fui cobarde y me escondí, pues todo en el mundo me hacía daño, tal vez tomé esa decisión por efectos secundarios que actuaban en mi cabeza por culpa de las pastillas. El hecho fue que me oculte de todo.